domingo, 11 de mayo de 2014

Hofmann

Volvemos al blog. Si Iturriaga puede ser el Comidista, yo voy a ser la Comilonista, en simpático guiño y desde luego, salvando todas las distancias, porque él es un mastro del arte de comer y hablar de ello y yo, bueno, a mí me gusta zampar, tengo un blog y bastantes menos perras para ir a sitios guachis . :P
Otra cosa que tenemos en común es Hofmann. Él estudió un tiempo allí y yo fui a cenar este viernes pasado. Fin de lo que nos une. Pero oye, fui. Es más, fuimos. El Ha y mi menda lerenda a celebrar la última cena de sus 39 años.

Hacer reserva está bien pero no parecía necesario (no pasó así con otros restaurantes de estrella michelín en los que intenté buscar mesa), había gente, pero no estaba lleno.
Llegamos, nos guardaron las chaquetas y nos sentamos. Mesa de 4 para dos, eso me gusta.
Nos trajeron aperitivos mientras leíamos la carta. (No hay menú degustación, vaya fallo).

Entrantes: Chupito de salmorejo. Dadito de piña a la caipiriña. Sablé de parmesano. Muy correctos los tres. Chiquitos, pero ricos. Espectaculares no, ricos sí. (Esa iba a ser la tónica de toda la cena, por cierto). Luego, mini hamburguesa de morcilla con pies de cerdo y mostaza (el mejor de los que nos pusieron) y una bola de pan de viena con sobrasada. Normalita.
Los panes: De romaní, de parmesano, de olivas y chapata normal. Acompañados de mantequilla (muy buena) y sales marinadas.

Cena: Como no había menú degustación, nos decantamos por compartir platos.
De entrantes elegimos tosta de sardinas de Hofmann. La tosta era un pan medio hojaldrado muy plano con mantequilla y unas sardinas muy bien puestas. Tomate cherry pelado (uno) de acompañamiento. Estaba rico de sabor pero la presentación fue un poco psé y no quisimos morir de amor.
Con el canelón de ternera y fuá sí. Estaba absolutamente delicioso. Muy recomendable.

Continuamos con un bogavante asado y una zarzuela. Raciones bastante normales tirando a chiquitas.
El bogavante bien, muy bueno de sabor pero nada alucinante en cuanto a combo. Ni siquiera recurdo con qué iba acompañado y han pasado solo dos días...
La zarzuela era curiosa. La presentación con la pincelada de tinta de calamar quedaba muy japo y molaba. El sabor, bueno. El sofrito del fondo era intenso y la panceta con el calamar casaba muy bien, pero ya. De nuevo, todos los ingredientes de mucha calidad pero nada de llorar de emoción al metértelo en la boca. Los guisantes, además, estaban duros.

Todo esto lo acompañamos con un vino blanco; Gregal, de Juvé & Camps con uvas moscat, Gewürztraminer y malvasía. La carta de vinos es un poco triste y lo que comentamos al salir es que, efectivamente, a este sitio le falta tener un sumiller que les redirija un poco el rollo bodega y para muestra, un botón: Aparecía el Viña esmeralda por 22 euros. Un vino que puedes comprar en el supermercado por 5 con algo y te regalan una copa de torres. Venga hombre, no me jodas.
En el tema vinícola, muy regular, la verdad. No miramos los tintos, igual hubieramos descubierto cosas nuevas, pero lo que son blancos, bastante triste.

En cualquier caso, lo verdaderamente flipante fue, como ya imaginábamos, el postre.
Coincidimos en que es el mejor que hemos comido nunca. Y él no tanto, pero yo soy MUY de postres.
Por un lado, un pastel de espuma de queso con colulís de frambuesas y sorbte de arándanos tremendo y por el otro, un lingote de chocolate con coco y toffee, con avellanas caramelizadas y caliente de chocolate negro. Bien equilibrado y pudiendo distinguir los sabores en cada momento, pero una vez mezclados, creando uno nuevo muy especial.
Precisamente a eso me refiero con lo de la estrella. Eso es lo que yo querría haber encontrado en todos los platos. Estaban ricos porque los ingredientes eran de primera pero faltó la magia.

En fin, nos dijeron en un curso de catas que hicimos hace un mes que un restaurante se gana la estrella por tres temas:
1. El entorno. Que sea agradable, que el servicio sea bueno, los detalles, vamos. Y es cierto que los camareros fueron atentos pero les faltaba, creo yo, algo más de protocolo. Aunque, también digo que yo lo pefiero así, más campechanos, pero no se.
2. Los platos. Que estén bien presentados, que estén buenos, que sean especiales.
3. El maridaje. La pregunta clave, en realidad, era decirles que te aconsejen el vino que case con lo que solicitas para comer. Entiendo que algo que pueda servir para un canelón de carne y una zarzuela de pescado es complejo, pero se quedan lejos de ese tercer punto, indpendiemtemente de eso.

La tal May Hofmann se presentó a saludarnos ANTES de cenar. Da la sensación que debe pensar... psé total, ya están sentaos, ya van a cenar y pagar la cuenta, así que, me paso, saludo y me piro a casa, que me pierdo masterchef :P

La conclusión es que aunque cenamos bien y no salimos con hambre, no fue tan especial como me hubiera gustado. Caro sí, espectacular, no. No creo que merezca la estrella. O igual antes sí, pero no ahora, no para mi.

Ps. Me alegro de haber vuelto al blog, espero que sea para quedarme! Con lo que me gusta comer y cascar! :P
Ps2. Fotos, cuando pueda.




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